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miércoles, 5 de julio de 2017

"Y... POR QUE NO"

#yporqueno

                                                                   “ Y…porque no”

                                                                              1

   Eran las nueve y media de la mañana del martes. Como todos los días de lunes a viernes, Blanca estaba sentada en una mesa de la terraza del “Bar el Quinto”. 

   Allí quedaba con Sandra, su amiga. Cuando ella dejaba al peque en el cole acudía y se tomaban su café con leche y el cigarrito. Ese día eran las diez menos cuarto y aún no había llegado. Inquieta por la tardanza, miró el móvil varias veces al mismo tiempo que miraba hacia la esquina por donde solía venir. Con esa preocupación no se percató que en la mesa de enfrente se había sentado un hombre, que al ver su nerviosismo no pudo evitar observarla.

   A las diez finalmente su amiga le mando un mensaje, que estaba en el medico con su hijo porque se puso con fiebre y que no había podido decírselo antes. Nada más leerlo le contesto que luego pasaría a verlos y se pidió su café con leche. El caballero no paraba de mirarla, algo en ella le atraía. Finalmente el camarero le sirvió su pedido y ella se encendió el cigarro, dándole una calada bastante intensa, eso la relajaba.

   Ella siguió mirando los peatones que pasaban sin percatarse de él, ni en como la miraba. Pablo, que así se llamaba no dudo ni un minuto más en aprovechar para conocerla. Con la excusa de pedirle fuego se acercó a su mesa. Carraspeo pues estaba ensimismada en su mundo, se preguntaba qué pasaría por esa cabecita en ese momento. Por fin se dio cuenta de su presencia, la miro fijamente y le pidió fuego con el cigarro ya sujeto en sus labios. Para él resultaron ser los ojos más bonitos y profundos que había visto, de hecho casi se le cae el cigarro de la boca. A ella la pillo por sorpresa, aunque si, le llamo la atención sus facciones tan marcadas y esos labios carnosos, le pareció muy atractivo.

   Una vez se hubo encendido el cigarro y exhalo el humo le pregunto:

—Perdona no me he presentado, me llamo Pablo. ¿ tú cómo te llamas?
—Blanca, encantada. —se  levantó y le saludo, dándose cuenta de lo alto que era
—¿Puedo compartir la mesa contigo? Te parecerá extraño pues no nos conocemos, pero solo llevo un mes aquí y la verdad que no conozco a nadie salvo dos compañeros de trabajo. Me encantaría hacer más amistades. Si me permites claro. — no espero ni la contestación pues era su momento y sabía que si no lo aprovechaba puede que no la volviera a ver.
—Bueno, pues como ya te has sentado, ya está hecho. Yo hoy también lo iba a tomar sola y si te soy sincera, me gusta la compañía
.
   Comenzaron una larga y amena conversación donde entre calada y calada fueron conociendo algo más de sus respectivas vidas. Y naciendo entre ellos una pequeña atracción que iba en aumento, pues sus miradas iban a partes concretas de sus cuerpos mientras hablaban sin poder remediarlo creciendo la excitación. Ella notaba como sus bragas se iban mojando teniendo la necesidad de apretar sus piernas para ir apaciguando esa necesidad. El miembro de él fue en aumento, tanto que le molestaba llevarlo dentro de los pantalones y siendo un problema si tenía que levantarse en esos momentos ya que la erección que llevaba era bastante visible.

Continuará...
©Geraldine Lumière

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