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domingo, 24 de septiembre de 2017

"Y... POR QUÉ NO (CAP.20)"



                                                      "Y... POR QUÉ NO (CAP.20)"

                                                                              20

  A los minutos Blanca tomó las riendas de la situación y con paso seguro se fue hacia él recriminándole si no le iba a invitar a entrar, Pablo pestañeo dos veces y se apartó dejándola entrar. La siguió después de cerrar la puerta hasta el salón, ella estaba de pie esperándolo a que entrara. Viendo que él no decía nada quiso saber hasta dónde había visto pero sin preguntar directamente

—Bueno… te preguntarás el porqué de esta visita ¿no? —Blanca no sabía cómo lo iba a encarar y con esa pregunta ganaba algo de tiempo.
—Pues si te soy sincero… no mucho, la verdad —Pablo se estaba aguantando las ganas de preguntarle si es que se arrepentía de lo de esa mañana.
—Sé que te preguntaras también porque no quise ir anoche a verte… la verdad es que estaba con todas y me sabía mal dejarlas en ese momento, además tú estarías muy cansado después de salir. Así que decidí quedarme, tampoco me acosté tarde —Mentía con la intención de que él hablara pues se le notaba que estaba a punto de explotar por la medio sonrisa que le salió al escuchar su versión.
—Mira Blanca…creo que los dos sabemos que estas mintiendo —Su voz temblaba como la de un niño chico ante una regañina, quería aclarar todo pero tenía miedo a perderla.
—¿ Por qué piensas eso? —A ella le pasaba un tanto de lo mismo que a Pablo.
—Porque te he visto esta mañana en la terraza del bar con un hombre moreno —No sabía si omitir detalles o sacar todo.
—¡Ah! Sí , se llama Abel y fue muy amable de traerme a casa —Sabía que esto iba a reventar más de un momento a otro.
—Pues para no acostarte tarde vi que te retiraste ya de buena mañana a tu casa —Se daba cuenta de que le costaba más controlarse, los celos le podían.
—Parece ser que me viste en todo momento y no fuiste capaz de saludar ni decir nada —Blanca sentía como su interior ardía por el tono sarcástico que ponía para decirle las cosas.
—Mujer no quería molestar a los dos tortolitos y menos en su beso — Sabía que había roto la barrera, ahora era cuando podría perderla y ya no sabía por dónde tirar.
—Vaya… ya salió ¿tan mal te sabe? —Le sudaban las manos porque no quería confesarle lo que ella había visto de él y a cada respuesta le costaba más callarse todo.
—¿ A mí? ¿por qué? Tú eres libre de hacer lo que quieras, no somos pareja —Su corazón estaba tan acelerado que pensaba que se le salía del pecho.
—Cierto por eso tú anoche también tuviste un buen polvo en el despacho de recepción —Ya no pudo más o hablaba o reventaba de guardar tanto. Total se estaban diciendo todo… puestos a perder…
—Creo que la persona que te ha informado lo ha hecho mal—Le dejó tan helado saber que se había enterado que solo le salió esa simple defensa.
—Perdona guapo pero nadie me ha dicho nada… yo estuve allí. Fui a verte para darte una sorpresa y fui incapaz de romper el momento de éxtasis que teníais los dos pues se escuchaba hasta el mostrador, menos mal que estaba yo sola — Se había quitado un gran peso de encima al sincerarse completamente, aunque quedaba mucho por decir.

  Pablo se quedó sin habla no esperaba que ella hubiese tenido ese detalle de ir a verle en horas de trabajo y menos sin avisar, eso le dejó fuera de juego. No sabía cómo salir y tiró otra vez por lo fácil recriminándole que ella también se había ido con un hombre y que por las horas que llegó no estuvieron jugando a las cartas. Eso a Blanca le dolió en cierto modo, sabía que se había acostado con Abel y pensándolo bien sin ningún remordimiento, aunque en el fondo sabía que lo había hecho por despecho… pero él empezó todo con ese polvo de recepción y ella se preguntaba quién sería la de los gemidos salvajes.

   Al final Blanca se armó de valor y decidió ser sincera del todo. Le dijo todo lo que hizo y sintió esa noche conforme fue transcurriendo, le costó pues las lágrimas afloraban cuando recordó el momento del hotel. Pablo al verla llorar y descubrir que era sincera optó por lo mismo, costándole horrores confesar su otro encuentro con su compañera Bea a lo que Blanca se sumó con más lagrimas rompiendo él también a llorar. Los dos estuvieron llorando, mostrando sus sentimientos hasta ahora guardados por miedo a enamorarse cosa que ya había ocurrido. Se miraron fijamente y se abrazaron fuertemente culminando con un beso pasional, tanto que…

©Geraldine Lumière

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